Voy a pasármelo bien

Raúl Arévalo, Karla Souza, Dani Rovira, y los jóvenes Izan Fernández y Renata Hermida protagonizan esta comedia musical para toda la familia, que homenajea los temas de Hombres G y sumerge al espectador en el ambiente de finales de los 80 en nuestro país.

«Las dos primeras cassettes que me compré en mi vida fueron los dos primeros discos de Hombres G. Fue la música que me acompañó en ese complicado momento en el que uno deja de ser un niño pequeño y le empiezan a interesar otras cosas aparte de jugar con sus amigos. Porque casi en paralelo a la compra de “Devuélveme a mi chica” y “La cagaste Burt Lancaster” yo me enamoré por primera vez», recuerda su director, David Serrano, que habla en Voy a pasármelo bien «del amor cuando eres un niño y del amor cuando ya sabes que la vida es bastante más compleja de lo que creías a los doce años».

Reconoce que casi todo lo que aparece en esta película «es real, hasta los nombres de los personajes. Y, por supuesto, nada más real que mi obsesión y la de mis compañeros por las canciones de Hombre G».

Después de años trabajando en teatro musical,  en producciones como Billy Elliott y Matilda, Serrano aplica esta experiencia a Voy a pasármelo bien, donde dedicó varios meses preparando a los chicos que iban a participar con clases de canto, baile e interpretación. «Ha sido la parte más bonita de todo el proceso y el trabajo que hacen todos estos nuevos, y más que prometedores actores, creo que es realmente espectacular», asegura en las notas de producción.

Sinopsis
Valladolid. Septiembre de 1989. David y Layla acaban de empezar octavo de E.G.B. y les gusta mucho Hombres G. También se gustan mucho entre ellos, pero como a David le aconsejan tan mal sus amigos, todas las cosas que hace para conquistarla terminan siempre siendo un fracaso. A pesar de todo, los dos se hacen inseparables y se meten en líos cada vez más grandes, e incluso a veces, cuando están juntos, el impulso de cantar y de bailar las canciones de su grupo favorito es tan fuerte que se ponen a hacerlo en mitad de la calle. Y eso es porque se lo están pasando bien. Muy bien.

Valladolid. Poco más de treinta años después. David y Layla no se han vuelto a ver desde finales de los ochenta, pero nunca se han olvidado el uno del otro. A Layla las cosas, al menos en lo profesional, no le han podido ir mejor: es directora de cine y ha ganado un Oscar. La vida de David, en cambio, ha sido más normal y ni es famoso ni ha ganado ningún premio. Layla vuelve a la ciudad para recibir un homenaje y los dos pasarán juntos una semana. Durante esos días ya no cantarán y bailarán por la calle, pero se darán cuenta de que los niños que fueron no han desaparecido del todo.

En 1989 y en 2022, los protagonistas de esta historia lucharán con todas sus fuerzas por no dejar ir a su primer amor. Y por pasárselo bien.

Por los pelos. Una historia de autoestima

La nueva película de Nacho G. Velilla hace humor de la moda de los implantes capilares, a través de la historia de tres hombres que viajan a Turquía.  Carlos Librado “Nene”, Antonio Pagudo, Tomy Aguilera, Amaia Salamanca y Eva Ugarte, encabezan el reparto de esta comedia, que también cuenta con Alba Planas, María Hervás, Leo Harlem y Jesús Vidal.

“Vivimos en un mundo en el que las redes sociales han cambiado completamente las relaciones sociales. Hay todo un mundo de postureo que puede llegar a ser un verdadero infierno para la gente que tiene problemas de autoestima. Y nuestros protagonistas creen que dejando de ser calvos van a vivir mejor, van a ser felices y hasta les va a salir la declaración a devolver. Pero en este viaje a Estambul, se van a dar cuenta de que su viaje será también interior, de que el hombre, a medida que se hace mayor no se hace más sabio, sólo pierde pelo, y de que, para cambiar tu vida, no basta con cambiar tu físico”, señala G. Velilla, director también de títulos como Villaviciosa de al Lado Perdiendo el Norte y Que se mueran los feos.

 

Sinopsis
Quedarse calvo sigue siendo un trauma para muchos hombres. A nadie le gusta perder el cabello, especialmente en un mundo en el que la superficialidad, la imagen y el marketing son tendencia.

Juanjo, Sebas y Rayco son tres ejemplos, entre millones, de cómo la alopecia, además de la caída del cabello, conlleva también la caída de la autoestima, de la seguridad e incluso, de la masculinidad. Rayco, es cantante de reggaetón y tiene más entradas que el Corte Inglés. En el paraíso del postureo, su problema capilar puede traducirse en menos seguidores y en menos conciertos.

Juanjo es un pusilánime cuarentón que lucía con dignidad el descampado de su cabeza hasta que se casó con Inma, una mujer aficionada a los retoques estéticos, instalada en una permanente crisis de edad y que piensa que estar casada con un calvo la envejece más que unas patas de gallo.

Sebas, al contrario que su amigo Juanjo, lleva encerrado en “el armario” de los calvos desde que descubrió el peluquín de pelo natural. Una prótesis capilar que tiene que competir con el “pelazo” de la nueva pareja de su exmujer, un adonis al que sus hijas están empezando a llamar “papá”.

Si bien la alopecia no diferencia ni entiende de estratos sociales, su solución, sí. Y es que, lo que hasta ahora era prohibitivo para muchos, Turquía lo ha hecho accesible para todos con su turismo capilar low cost, convirtiéndose así en el nuevo maná de los calvos. Juanjo, Sebas y Rayco se embarcarán en una aventura en la que descubrirán que su problema no está tanto encima de su cabeza, si no dentro.



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