“El ser humano es complejo, todos llevamos dentro un ángel y un asesino, y con cada persona nos relacionamos distinto. Violeta es un personaje muy complejo”. Sobre lo intrincado de su papel comenzó hablando Eva Llorach en el encuentro que mantuvo ayer en la Academia, tras el pase de Quién te cantará, cinta de Carlos Vermut que le ha valido numerosos reconocimientos y en la que interpreta a una fanática imitadora de Lila Cassen (Najwa Nimri) que se enseñará a recomponer su identidad tras un golpe de amnesia.

La conversación, moderada por la periodista y crítica Pilar Aguilar, es la primera de los cuatro encuentros enmarcados en el ciclo ‘Mujeres que no lloran,’ organizado por CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de los Medios Audiovisuales) y que cuenta con el patrocinio de AISGE. Llorach explicó que “cuando trabajas con Carlos Vermut él te da el guión y todos los huecos los rellenas tú. Carlos te indica que hagas muchas cosas que en el momento no entiendes. El primer acercamiento a Violeta me produjo mucha ira. Fue muy complejo sacarme eso después. Necesité algunas sesiones de terapia después del rodaje”.

Ante las numerosas preguntas del público sobre las intenciones de su personaje, la actriz murciana insistió en que “a Carlos no le interesa resolverle dudas al espectador”, y dio pistas sobre un tema recurrente en la filmografía del director. “Tiene algo con la maternidad y la paternidad, en todas sus películas habla de esto. A Violeta lo peor que le ha pasado en la vida es ser madre, es algo que le ha frustrado su carrera artística, y cada vez que ve a su hija le recuerda lo que no es”.

La relación maternofilial con el personaje de Natalia de Molina se enreda en la historia con su admiración obsesiva por la cantante interpretada por Nimri. “El fenómeno fan, que se refleja de forma tan bestia, es algo que va más allá de la admiración. He estudiado a las fans de Najwa para documentarme y lo que sienten es un amor platónico por ella, pero amor puro y duro. No es amor físico, es otro tipo. Hay escenas que se quedaron fuera como una en la que Violeta baña a Lila, y ese amor se quedó fuera de montaje porque se mueve más en esa línea erótica y podía crear confusión. No es sexual, pero es una obsesión”.

Esa mimetización entre las protagonistas también se fraguó en movimiento: “Carlos nos puso a bailar juntas dos semanas, y luego eso apenas se ve. Entendimos a posteriori que lo que quería es que nos fusionáramos, que nos fijáramos la una en la otra. Yo miraba cada detalle. Carlos es muy listo. Cuando conocí a Najwa, en mi tercera prueba o así, sabía que era fundamental ese momento. Buscó complicidad, y directamente nos dejó solas, se inventó una excusa para bajar a la calle. Desde el momento cero surgió una conexión, y él se dio cuenta”.

Tolerancia a la frustración

Preguntada por el oficio de las actrices, Llorach confesó que “convertirte en un personaje es algo que te puede llegar a afectar. Aprenderte el guión es solo la punta del iceberg. Al hacer de Violeta, vi que el sentimiento de insatisfacción y de infelicidad que eran de ella se me quedaron dentro, y me los tuve que sacar. Pero forma parte del juego. Es tu labor de actriz saber salir de ahí, va con el sueldo”.

En un aspecto más terrenal, la intérprete se sinceró sobre “la inestabilidad y la frustración que es el día a día de los actores, y hay que saber asumirlo. La gente se suele quedar con la parte esplendorosa, con los Goya, con la alfombra roja… pero eso es el 1% de tu vida. Conseguir trabajos y saber tolerar cuando no los tienes es el 99%”. Para Llorach, mantenerse “no solo consiste es ser buena actriz. Hay un montón de circunstancias que te llevan a un determinado estatus. Es una carrera de fondo y la mayoría de gente se queda por el camino. Conozco a actores muy buenos que no resisten la incertidumbre de no saber si vas a poder pagar el alquiler. Es necesaria una red de apoyo emocional y, por qué negarlo, económico cuando hace falta”.

De Quién te cantará, la ganadora del Goya destacó que “es una película cuyas protagonistas no giran en torno a su relación con los hombres”. En este sentido, se manifestó “optimista. Creo, deseo y espero que el papel de las mujeres vaya a más, que los personajes sean más hondos, que nos reflejen. Los personajes masculinos pueden ser unos hijos de la gran puta. Yo quiero a mi ‘hija de la gran puta’. Aunque eso suponga ser malvada, llevar pistola, matar. Esperemos que la dirección sea esa, y para eso hacen falta mujeres guionistas, directoras, creadoras. Que las hay, pero hay que apoyarlas con financiación”.

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