Su obra es indispensable para entender la historia de Cuba, la isla en la que nació Juan Padrón, el director de una de las películas de animación de culto en Latinoamérica, Vampiros en La Habana, y creador del mítico personaje Elpidio Valdés.

Caricaturista, ilustrador, historietista, guionista, cineasta y destacado animador cinematográfico, Padrón ha fallecido a los 73 años en La Habana, donde situó el filme, un clásico en su género por el que siempre será recordado. Además, Padrón, que tanto en sus largometrajes como en los cortometrajes aplicó innovadoras técnicas de animación, colaboró con el argentino Quino -el padre de Mafalda– en las series de dibujos humorísticos Quinoscopio, y recibió los máximos reconocimientos por ser un nombre indispensable cuando se habla de animación en América Latina. 

Licenciado en Historia del Arte, por su habilidad como dibujante comenzó a colaborar desde muy joven como caricaturista en varias revistas de la isla. Pero fue a finales de los setenta cuando apareció su personaje más famoso, Elpidio Valdés, un ingenioso mambí que lucha contra el poder colonial español, que conquistó a varias generaciones de cubanos. Fue el primer largometraje de dibujos animados en la historia del cine cubano, trabajo al que siguieron cortos (N’Vula y ¡Viva Papi!), series para adultos (Filminutos y Quinoscopios) y los largometrajes Elpidio Valdés contra dólar y cañón, Vampiros en La Habana –cuenta los avatares en La Habana de los años treinta de varios grupos de vampiros que consiguen una fórmula que les permite hacer vida normal y tomar el sol. La icónica versión del afiche de la película con dos colmillos sangrantes sobre fondo negro es uno de los carteles más reproducidos del cine isleño–, Contra el águila y el león y Más vampiros en La Habana.

Características e influencias

Autor de El libro del mambí –donde recogió sus investigaciones sobre la historia de Cuba cuando planeaba sus obras para la gran pantalla–, dirigió el departamento de dibujos animados del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfico (ICAIC). “El cine cubano tiene la suerte de que existe un instituto de cine, donde los autores presentamos los proyectos, este los aprueba y nos dan el dinero para hacerlos”, contaba Padrón, para quien el cine de autor “busca comunicar a la gente, pero no necesita imitar estilo o poner una música para vender el disco después. Un director de cine cubano decide embarcarse en la aventura de crear una película porque es su motivación”.

Para Padrón, el dibujo animado cubano “tiene características que lo distinguen entre los otros en cuanto el color, el ritmo y la banda sonora, tiene efectos de ambientes. Al principio veíamos el dibujo animado como didáctica. Con el tiempo nos fuimos desprendiendo de ese lastre que nos obligaba a tener siempre que explicar algo, y se comenzaron a hacer cosas diversas. En el caso de Elpidio Valdés, el objetivo era, de forma humorística, contar la guerra de independencia, con una enseñanza detrás.”

El creador, que reconoció la influencia en sus inicios de varios dibujantes españoles de los años cincuenta –Peñarroya, Vázquez, Conti, y Juan José López, autor de Superlópez–, también recordaba que cuando terminó Vampiros en La Habana y la vieron los ‘expertos’, dijeron “que no era lo que esperaban de mí, que era muy vernácula, confusa y ruidosa. En una revista salió una crítica que trataba muy mal a la película… Estuve unos días muy deprimido, hasta que rompió el récord de taquilla en una semana y la gente la comentaba entusiasmada. Me he sentido como Spielberg cuando en Valparaíso me recibieron cientos de estudiantes amantes de la película, o en Puerto Rico, donde se la sabían de memoria”.

Su hijo Ian Padrón, realizador de videoclips, dio la noticia del deceso  tras publicar en su muro de Facebook una nota de despedida. “Gracias por Elpidio Valdés, por los Vampiros en La Habana y por sobre todo ser un padre y esposo tan noble y amoroso. ¡Hasta la vista, compay!”; así se despedía el célebre mambí creado por su padre.

El guionista Alejandro Hernández, que trabajó con él, dice: “Tuve la suerte de conocerlo y verlo trabajar, y sentías que estabas frente a un genio creativo. Al mismo tiempo la persona más divertida y dicharachera que puedas imaginar”.

Foto © Bernardo Pérez

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