El universo de Álex de la Iglesia se expande en 30 monedas, ficción cuyo título alude al precio por el que el Judas traicionó a Jesús, y sobre la que el cineasta reflexionó en un encuentro con el público en la institución. Acompañado por su coguionista de cabecera Jorge Guerricaechevarría y por los actores Eduard Fernández y Megan Montaner, desgranó el origen de esta historia y también de sus peores miedos, tras la proyección del primer capítulo en pantalla grande.

“Hay un origen personal, de amor/odio y obsesión con la Semana Santa, con la religión, el bien, el mal, el pecado, la muerte. Y la segunda fuente es la pasión por la serie B. Tiene mucho más que ver con John Carpenter, que con la primera división. Es el disfrute del género puro”, explicó De la Iglesia.

“Son cosas que nos empezaron a interesar desde El día de la Bestia, donde sí hicimos una buena investigación sobre lo demoníaco. Ese interés por ver el lado oculto de la religión, no porque sea malo, sino la parte mágica, donde las tradiciones católicas se mezclan con creencias anteriores. Habíamos evitado volver a incidir en ello, porque después de El día de la bestia nos costó mucho convencer a la gente de que podíamos hacer otra cosa”, secundó Guerricaechevarría.

Ambientada en un pequeño pueblo rural, que se ve amenazado por fenómenos paranormales, 30 monedas conecta con la filmografía anterior del bilbaíno, que ahora firma su segunda serie tras Plutón BRB Nero, estrenada en 2008.“Hemos hecho muchas historias de bares cerrados y edificios cerrados y un pueblo no deja de ser eso. Un lugar cerrado donde vas conociendo a los distintos vecinos”, apuntó el guionista.

Entre esos vecinos están Eduard Fernández, que interpreta al Padre Vergara, y Megan Montaner, en el papel de una inquieta veterinaria. “Álex me dijo que me iba a ofrecer un personaje que no me ofrecería nadie”, contó el actor sobre este cura exorcista, boxeador y exconvicto, exiliado por el Vaticano.

Mucho entrenamiento en el ring y horas de maquillaje le ayudaron a ponerse en la piel de este hombre, “que conoce la oscuridad y tiene armas para luchar contra ella”, en palabras del intérprete.“Eduard hace posible un personaje así, es como Unamuno y Urtain. Es bruto y filósofo. Es muy guay la ambivalencia del personaje”, corroboró el realizador.

También se implicó al máximo en este reto la actriz, que se quedó afónica en varias ocasiones de tanto gritar en las escenas de sustos. Según Montaner,“hay muy pocos directores que te propongan hacer cosas tan diferentes a los que sueles hacer. Ha sido muy exigente, pero me lo he pasado muy bien, porque me va la marcha. Me he sentido en un patio de recreo, era como una gymkana y a jugar”, rememoró sobre el rodaje de esta serie de ocho capítulos, que se estrena el 29 de noviembre en HBO España.

El estrés del set

Director y guionista celebraron en esta charla la absoluta libertad con la que han contado en su relación con la plataforma. “Son gente que apuesta por lo absolutamente loco”, reveló el responsable de Las brujas de Zugarramurdi o Balada triste de trompeta, mientras que Guerricaechevarría incidió en que no tuvieron “ni un toque respecto al extremo al que estaban llegando las cosas”. Para De la Iglesia fueron las 27 semanas de rodaje más duras de su vida, pero se reconoció adicto al estrés que le provoca el set. “Recuerdo hacer y decir cosas espantosas, porque era un nivel de histeria increíble. Aunque creo que me lo busco. Hay algo de colocarse en ese nivel de estrés, que es como enchufar tu vida a un amplificador”, afirmó quién acaba de volver de Italia de rodar la película Veneciafrenia.

El equipo de 30 monedas finalizó el encuentro desvelando sus peores miedos de niños, que tienen que ver con producciones como El exorcista o ¿Quién puede matar a un niño? y con cómo se enfoca la religión católica desde el terror. “Yo no tenía miedo a monstruos, pero sí a  Dios, porque es todopoderoso, mientras que el demonio no lo es”, confesó el realizador, que cree que el terror y el humor de la serie tiene mucho que ver con nuestra idiosincracia española.

“Tenemos un pasado, una historia y unos abuelos que nos han ido inculcando una serie de creencias, y todo eso te conforma y te va estructurando como persona. Somos un país que tiene una tradición cristiana y católica muy fuerte y eso nos ha condicionado en todos los aspectos de la vida. Y eso lo ejemplifica El Escorial, esa sobriedad. Y, de repente, nos encontramos en el siglo XX y teníamos una cabeza de siglos previos y eso provoca un humor soterrado y negro. En Venecia he visto los mismos motivos que los de la pintura española, pero hay más color. Lo nuestro es negro. Nuestro humor es peculiar, denso y negro”, sentenció De la Iglesia, que también estuvo arropado por dos colaboradores habituales en su cine, el compositor Roque Baños y el responsable de sonido David Rodríguez, presentes entre los asistentes.



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