Las tres estudiaron interpretación en Málaga; dos de ellas, además, nacieron en la ciudad. María Barranco, Adelfa Calvo y Natalia de Molina compartieron ayer charla en el espacio La Térmica de la Diputación de Málaga, donde departieron –con Valeria Vegas como moderadora– sobre la profesión de actriz y los goyas que poseen a escasas horas de la 34 edición de los premios de la Academia de Cine.

Barranco y Calvo son oriundas de Málaga, mientras de Natalia de Molina, nacida en Linares, se formó en la ciudad andaluza. Sobre la gala de los Goya, la última confesó que siempre se siente un poco “como la Cenicienta, porque llevas un vestido muy bonito, pero luego lo tienes que devolver”. Mañana puede hacerse con el que sería su tercera estatuilla, en la categoría de Mejor Actriz de Reparto, por Adiós: “este año quiero vivirlo con tranquilidad, disfrutando de la ciudad en la que estudié”.

María Barranco recordó el momento en que levantó su primer galardón, por Mujeres al borde de un ataque de nervios: “estaba rodando La forja de un rebelde con Mario Camus, y la vez entré en una serie, La mujer de tu vida, con Fernando Trueba, que me quería rubia y con el pelo corto. Como solo me quedaba una sesión con Camus, en la que despedía al protagonista, que se iba en tren, pensé que podría cambiarme el look, como efectivamente hice. Cuando hablé con Camus, me dijo que imposible, que por plano no me podía poner una pamela ni nada. En ese momento quise que me tragara la tierra, porque ya me lo había hecho. Ni quería ir a los Goya, para que no me vieran con el pelo rubio y corto, pero Diego Galán me arrastró de una oreja”.

Calvo considera que “podríamos no tener ningún Goya y seríamos igual de buenas actrices. Cuántas actrices malagueñas, sin ir más lejos, no tienen trabajo y visibilidad. Estamos aquí por suerte, por energía, pero podrían estar otras igual de buenas”. Y recordó también una anécdota de su triunfo el año pasado en Sevilla: “como nunca llevo tacones, me quité los zapatos en la butaca. Cuando anunciaron mi categoría, mi acompañante me urgió a que me los pusiera, yo ni me acordaba. Por eso cuando dicen mi nombre doy un respingo, porque se me engancharon con el vestido”.

 

En el baño

Natalia de Molina tiene uno de sus dos galardones “en el baño, para que quienes vienen a mi casa puedan hacerse un selfi y practicar el discurso”, bromeó. Calvo lo tiene “en el salón”, y recordó cómo, al volver premiada de Sevilla, el vigilante de seguridad del AVE “me dio la enhorabuena, porque vio el Goya en el escáner”.

Sobre el inicio de su carrera, María Barranco rememoró cómo le decían que “con el acento malagueño no se iba a ningún sitio. Tan interiorizado lo tenía, que me presenté a un casting forzando un castellano perfecto de la meseta, y me dijeron que no me cogían porque necesitaban a alguien con acento de Málaga”. La actriz también recordó que su nombre no parecía demasiado comercial a sus compañeros: “me decían que María Barrano era nombre de folclórica. Esta profesión está llena de gente frustrada, porque como decía Fernán-Gómez, no quieren ser actores sino actores triunfantes”. Y confesó que ella misma estaba a punto de tirar la toalla después de unos primeros años de escaso éxito. “Un día”, contó, “llego a mi casa, y en el contestador había un mensaje: soy Pedro Almodóvar y quiero hacerte una prueba para una película”.

© La Térmica

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