“Sé que a Berlanga le reventaría que dijera que era un humanista, un artista emboscado, pero hay que ver la visión que tenía del mundo, de los hombres y las mujeres, de la sociedad y del cine para hacer comedia”, declaró el periodista, escritor y crítico Manuel Hidalgo en el encuentro que protagonizó junto al primogénito del gran cineasta valenciano, José Luis Berlanga, y la directora de producción Sol Carnicero, en la Academia.

El motivo: la presentación de ‘El último Austrohúngaro. Conversaciones con Berlanga’ (Alianza Editorial), libro que recoge las charlas que Hidalgo y el fallecido Juan Hernández Les mantuvieron con el autor de El verdugo y Plácido, que en esta obra habla de sus películas, su vida, su modo de abordar su oficio, sus aspiraciones, sueños y sus pensamientos. 39 años después de su publicación y cinco meses antes de cumplirse el centenario del nacimiento de este director “único”, –el próximo 12 de junio–, se ha reeditado este volumen imprescindible para los amantes del cine que se completa con un ensayo sobre su filmografía y una cronobiografía.

“Grabamos muchísimas horas. Nos veíamos en cafeterías, sobre todo en Parsifal; en la oficina del productor Alfredo Matas –sita en Gran Vía 70, apuntó Carnicero–, que era muy siniestra –”pues a mi me encantaba. Era una oficina y tenía dos camas empotradas”, recordó la directora de producción–; en el rodaje de Patrimonio Nacional…Hablábamos de todo. Luis era muy caótico, se iba por las ramas, era muy desmemoriado”,  expuso Hidalgo.

Con esta última declaración mostró su desacuerdo Carnicero, que trabajó con Berlanga en la trilogía sobre la familia Leguineche (La escopeta nacional, Patrimonio Nacional y Nacional III) y en La vaquilla.

“Luis se acordaba de todo, pero le gustaba jugar”, sentenció esta estrecha colaboradora del que fue cofundador y es presidente de honor de la Academia de Cine, “al que veo, le estoy oyendo” en el libro que fue una idea del  desaparecido crítico de cine Juan Hernández, a quien llamó la atención que, a excepción de un trabajo escrito por Diego Galán, no hubiese ningún libro sobre el icónico director cuando llevaba 30 años haciendo películas.

Películas “que son el retrato de un país que cambia muchísimo y no cambia nada”, subrayó Hidalgo, para quien Berlanga era un “fabulador, un mistificador muy contradictorio porque, si iba de humilde en una frase, tenías que entender que se estaba pavoneando. Y muy juguetón, quizás nos dijo cosas que se inventó, pero un gran director de comedias tiene derecho a lo que quiera”.

“Sin tapujos y ensayando mucho”

“La mejor manera de conocer a mi padre es este libro porque habla sin tapujos. Estaba en un momento muy lúcido, muy seguro, todavía no se había convertido en personaje”, destacó el hijo del legendario director, cineasta también, al que le sorprendió que su padre dijera en el libro “que se había pegado con tres o cuatro. Yo no lo creo –Carnicero tampoco–. Tenía su criterio y lo imponía”, apostilló José Luis Berlanga.

Con el operador de cámara de Bienvenido, Mister Marshall, Manuel Berenguer, si tuvo sus más y sus menos, y hubo quien se empeñó en que dejara de hacer cine después de esta conocida producción porque, según relato su hijo, decían que era imposible hacer cine social con Berlanga “porque todo lo quería hacer con humor”.

Coordinadora por parte de la Academia de Cine del programa del ‘Año Berlanga’, Sol Carnicero contó que el maestro valenciano “respetaba mucho al equipo” y que cumplía con los planes de rodaje. “Con Luis  he trabajado mucho y me lo he pasado muy bien. A veces machacaba a los actores y, aunque la quinta toma estuviese bien, se empeñaba en seguir repitiendo porque pensaba que lo podían hacer mejor”, confesó esta veterana profesional, que a la pregunta de  cómo se ejecutaban los famosos planos secuencias de Berlanga, contestó que “ensayando mucho”.

“Amarlos, amarlos…”

Y hablando de los intérpretes,  Hidalgo aseguró que Berlanga lo que más amaba del cine era a los actores, aunque había excepciones como Nino Manfredi (El verdugo), “que era un pelmazo porque siempre le estaba haciendo preguntas”. Y es que los actores ‘del método’, como indicó Carnicero, no eran para el cineasta. “No le gustaba dirigir. Una vez elegidos, le parecía que estaba ya hecho porque sabía perfectamente cómo actuaban, cómo se comportaban, cómo se movían..”, manifestó la directora de producción, que recordó que en Patrimonio Nacional utilizaron por primera vez el combo, “y lo quitamos porque los actores estaban ganando terreno, había 2 ó 3 figuras que nos cambiaban todo”.

Lo que se dice “amarlos, amarlos” no, recalcó José Luis Berlanga, que sí señaló que su padre pensaba que los directores “tenían que ser anónimos y que los que daban la cara, los actores, eran los dueños de la película”.

Moderado por la periodista Andrea G.Bermejo, en el encuentro sobre la vida y obra de este director que entendía que el cine tenía que llegar al público y la comedia tenía que ser popular, en palabras de Hidalgo, el presidente de la Academia, Mariano Barroso, indicó que en este libro el lector se encontraría con Berlangaen estado puro, respondiendo con honestidad a las preguntas que le hacen los autores, con los que se nota que tiene una gran complicidad”.

Manuel Gutiérrez Aragón, Patricia Ferreira, Fernando Lara y los intérpretes Charo López, Marta Fernández Muro y José Lifante, entre otros asistentes, conocieron que Berlanga fue el descubridor de Brigitte Bardot y que Pepe Isbert estuvo a punto de no doblar El verdugo gracias a esta obra en que se “lee” a Berlanga de una manera “cercana, sincera y libre”, señaló Valeria Ciompi, directora de Alianza Editorial.



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