“Que un largometraje esté nominado al Hoya a Mejor Película es un sello de calidad, y ayuda a una segunda vida. Es un impacto muy importante”, declaró ayer un emocionado Antonio de la Torre ante un cine abarrotado. “Ha sido un día muy especial, porque he estado en mi barrio, y esta nominación me hace tener muy presentes a mis padres. Tengo una agradable sensación de nostalgia. Que este año los Goya se celebren en Málaga es volver a reencontrarme con el niño que fui”.

El intérprete malagueño, 14 veces nominado en los últimos 10 años, declaró que le “interesan más las películas por lo que puedo aprender de ellas que por lo que puedo ofrecer como actor”, y consideró que de los 15 goyas a los que aspira la película, no puede faltar uno “imprescindible”, el de Mejor Película.

El también periodista, ganador de dos goyas -Mejor Actor Protagonista por El reino y Mejor Actor de Reparto por Azuloscuroscasinegro– destacó que Arregi, Garaño y Goenaga confiaran en intérpretes andaluces: “en Belén Cuesta, Vicente Vergara, en mí y en todo el elenco, pues de alguna manera, debido al acento y los giros, nos permitieron reescribir algunos diálogos e improvisamos muchas cosas. Fue una trabajo bastante libre”.

Reconoció que la película “me conecta mucho con la Andalucía que heredé de mis padres, de mi familia. Esa Andalucía que hablaba con metáforas para ocultar ciertas cosas, con ese lenguaje clandestino. Yo eso lo he conocido. Me siento muy orgulloso de la aportación que he podido hacer de una generación que ya se ha extinguido”.

Sobre sus compañeros de nominación, reconoció que aún le falta por ver el trabajo de Luis Tosar en Quién a hierro mata, pero que la verá antes de la gala “no vaya a ser que le tenga que aplaudir, para que pueda hacerlo con conocimiento de causa”. Sobre Antonio Banderas declaró que consigue contar algo muy difícil: “se nota que la vida ha pasado por él en el mejor sentido de la experiencia. Que ha convivido con Almodóvar, que está hablando de algo que conoce. Hay un ejercicio de desnudez y limpieza en su trabajo que me ha sobrecogido”. Y sobre su amigo Karra Elejalde, “un actor al que adoro”, dijo que en Mientras dure la guerra hacía “un ejercicio de contención, de peso, de madurez, de transmitir una ideología tan compleja y profunda como es la de Miguel de Unamuno,  que solo puede estar a la altura de los grandes”.



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