Son los responsables de que los decorados, vestuarios, localizaciones, maquillaje e iluminación de un filme tengan coherencia estética. Son los que dan atmósfera y vida a los espacios. “Nuestro trabajo es ese hilo fino que trazamos a lo largo de una película”, puntualizó la directora de arte Montse Sanz que, junto a sus compañeros Juan Pedro de Gaspar y Pepe Domínguez, compartió sus experiencias sobre la dirección artística en la Academia de Cine.

Los oficios de la Academia. Radio 3, iniciativa impulsada por la institución en colaboración con la emisora de la radio pública que pone en valor los distintos oficios del cine y permite conocer mejor el celuloide por dentro, fue el marco en el que estos tres profesionales hablaron con Javier Tolentino, conductor del espacio radiofónico El séptimo vicio, de su trabajo tras la proyección de Ventajas de viajar en tren.

El sevillano Pepe Domínguez estudió Bellas Artes y se licenció en escultura, pero se separó “de lo formal y se acercó a lo conceptual”, y por la dirección artística de La isla mínima levantó el Premio Goya, “lo que me permitió dar las gracias a toda la gente que me ha acompañado durante tantos años”.

La isla mínima le descubrió un entorno fascinante que desconocía “y eso que estaba a 40 minutos de mi casa. Ver esa belleza con toda su crudeza…Todos nos enamoramos de ese paisaje, y eso queda patente en la película. Uno no puede intervenir en esos espacios de tanta belleza, lo que haces es aliarte, no competir porque nunca vas a estar por encima de la Alhambra o de las marismas del Guadalaquivir”, sentenció.

Unido al cineasta Alberto Rodríguez en After, Grupo 7, El hombre de las mil caras y en la serie La peste, Dominguez indicó que los directores “son los más listos. Llevo mucho tiempo trabajando con Alberto y me sigue sorprendiendo cada vez que trabajo con él. Es una suerte estar en primera línea con los directores, cada uno con sus brillos y sus luces”, apostilló Domínguez, que también realizó la dirección artística de La trinchera infinita, de Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga, “tres directores que se comportan como uno”, añadió.

“El alma” del cine de Medem

Montse Sanz también estudió Bellas Artes, pero fue meritoria en La madre muerta “y una vez que empiezas es muy difícil desmarcarte”. También cree que el director “es el que más sabe la historia que va a contar. Los cineastas más interesantes son los que confían en ti, y cuantas más miradas conozcas, más enriquecedor es tu trabajo”, declaró.

Y lo dice la que es “el alma del cine de Julio Medem”, en palabras de Tolentino. De todas las historias que ha hecho con Medem –Los amantes del Círculo Polar, Lucía y el sexo, Caótica Ana, Habitación en Roma, Ma ma y El árbol de la sangre– se queda con Ma ma –“había un planteamiento artístico muy interesante, fue una película muy especial”– y Lucía y el sexo –“fue un antes y un después, marcó mucho”–.

La dirección de arte transciende al mundo de la decoración para Montse Sanz, que no entiende la imagen de director complicado de Medem. “Es mucho más fácil de lo que parece. Su cine poético te propone un viaje estético muy libre, puedes tirar muy alto”, aseguró.

Herramientas para rodar y contar

Reconocido, respetado y escuchado. Así se siente Juan Pedro de Gaspar, cuya formación en Arquitectura le ha proporcionado “un método” en su oficio, por el que ha sido distinguido con tres Goya (Mientras dure la guerra, Blackthorn y La sombra de la ley).

El “azar” le llevó a trabajar con Gerardo Vera en El peor programa de la semana. Luego llegó el teatro, la ópera, el cine y la televisión –lo último en este medio ha sido la célebre serie Patria–. Contó De Gaspar que los trabajos de época –recreó un cuarto de la Plaza Mayor de Salamanca en Mientras dure la guerra– “ayudan porque tienes una red a la que te acoplas y que valida tus acciones, mientras que cuando haces una película contemporánea estás solo con tus habilidades narrativas”.

El director de arte, que puso el foco en la importancia que tiene en su oficio la relación con el director de fotografía, indicó que Amenábar “impone muchísimo, pero es muy cercano, abierto y tiene una elasticidad muy grande. A los directores tenemos que darles las herramientas que le sirvan para rodar y contar. Los más inteligentes son los que escuchan a los de alrededor, valoran y deciden “, señaló.

La conversación sobre la puesta en escena de las películas estuvo amenizada con la música en directo de Pedro Guerra.



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