¿Cómo surge Asamblea?

Es una adaptación de una obra teatral, La gent, de Juli Disla y Jaume Pérez. Era una película que se había quedado sin director, porque la productora tuvo que vender el proyecto en un momento dado. Recayó en manos de unos amigos y, como el guión me había gustado tanto, me propuse como director. Con todo el morro.

Los participantes en esta asamblea se enredan en la forma y nunca conocemos el fondo de lo que discuten. ¿Dónde apunta más la metáfora, a nuestra política, a nuestros enlaces sociales?

Veo algo parecido constantemente. En las reuniones de vecinos, en asociaciones… Suele haber tres o cuatro que son los que realmente conocen los temas y los han trabajado, y el resto de asistentes que van medio obligados o medio interesados y que no saben los detalles, pero aún así deciden participar. Así funcionan también las redes sociales: te dan un altavoz y por narices lo utilizas, aunque no tengas mucho que aportar.

La película reflexiona sobre algo importante como la voluntad de entenderse. ¿Hemos mejorado o cada vez estamos peor?

Está muy claro que peor, como demuestra la irrupción además de VOX y cómo la ultraderecha trabaja con la propagación de bulos, porque saben que el desmentido va a circular mucho menos que la mentira. Estamos más polarizados, porque desde 2007 la mayoría de la población nos vemos golpeados por diversas crisis y nuestras posiciones tienden a lo emotivo.

¿La comunicación cara a cara mejora el entendimiento mutuo?

Todo el mejor cara a cara, que es algo que se está perdiendo, más en esta temporada. Cuando nos tocaba una reunión de estas nos constaba acudir, y ahora lo echamos de menos. Es importante no olvidarnos de que discutimos con personas, que tienen sus opiniones. Hay que opinar teniendo en cuenta lo que te dicen, lo que tú tienes pensado decir.

En Twitter se ve muy claro: te dan un dato y te agarras a la palabra a la que puedes responder y no al argumento que te están ofreciendo. Las discusiones o las argumentaciones pierden el sentido. En el cine es lo primero que pido a los actores: no estés pensando en la próxima línea, reacciona a lo que te están diciendo.

Asamblea no se entiende sin el 15M, los movimientos sociales… En un momento en el que los partidos surgidos de ahí están en el Gobierno, ¿han demostrado estas asambleas su utilidad?

Los guionistas, que son los autores de la obra, habían trabajado mucho en movimientos asamblearios. Y efectivamente, la toma de decisiones tiene muchas ventajas, pero el inconveniente es que opina todo el mundo –también quienes no tienen mucha idea del tema o no lo han trabajado– y pierdes agilidad en la toma de decisiones. Podemos lo ha visto en su evolución, cada vez se parecen más a un partido tradicional para poder ser ágiles.

Con todo, sigue habiendo una presencia potente e invisible de “los que mandan”, ¿el poder nunca será totalmente asambleario y horizontal?

Incluso cuando Podemos trabajaba en círculo, lo hacía de manera jerárquica. En la película se habla mucho de la central, de la central en Madrid a la que no se le pone cara. Cuando hay una jerarquía, y cualquier estructura más o menos grande la necesita, se pierden las caras y pasa a ser una entidad abstracta, objetivo de muchas críticas.

“A los actores les pido que no piensen en su siguiente línea, sino que escuchen a los demás”

Hay una mezcla de idiomas, acentos y bagajes. ¿Refleja eso la diversidad de nuestra sociedad?

En la obra ya estaba, aunque en la película hubo que reducir el número de personajes. La obra se representaba en espacios no teatrales, con las sillas en círculo y los actores mezclados con el público. En la cinta hemos sintetizado y separado personajes, y ha habido que reestructurar los saltos de idiomas, que en las zonas bilingües son muy comunes. Pretendemos normalizar ese cambio de un idioma a otro, que las personas bilingües hacen todo el rato. Las lenguas se han venido usando como arma de unos contra otros, pero esto muestras cómo pueden convivir con todo normalidad. Es lo que ha pasado siempre en València y Catalunya.

 La película se estrena en Filmin en tiempos del coronavirus. ¿Cree que es una opción de futuro?

Más películas tendrán que hacer algo parecido, porque la situación no se va a normalizar hasta dentro de unos meses. En nuestro caso, no arriesgamos mucho porque es una película pequeña, sin el apoyo de grandes cadenas de televisión, por lo que no contemplábamos su paso por las salas como una pieza clave del retorno de la financiación. Filmin, por su sensibilidad y el cine que programa, era la opción ideal.

¿Cómo será el cine dentro de un año?

Es complicado. Hasta que no exista una vacuna eficaz, los seguros de rodaje no cubrirán según qué producciones. En un rodaje, por mucho que quieras, es imposible mantener la distancia de seguridad. Son rápidos y sucios, la gente trabaja junta y codo a codo. Pero sea como sea, vamos a lidiar con esto. Si algo tenemos la gente del cine, son recursos e imaginación.

La situación actual, ¿cree que pone de manifiesta la necesidad de dialogar?

Por supuesto, como se muestra en algunos países de nuestro alrededor. En España lo que tenemos es una acoso y derribo por parte de la oposición muy bestia. Nadie dice que el Gobierno lo haya hecho todo bien, eso está claro, pero están aprovechando la situación para imponer sus posiciones, y de esto no se sale con la voluntad de llevar la contraria.



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